San Sebastián (II): Still the water vs Silent heart

Mi incapacidad para escribir crónicas diarias acaba teniendo cierta recompensa: pasados unos días, las películas del festival dejan de venir de una en una y comienzan a buscarse entre sí. Ha ocurrido con Still the water y Silent heart, dos películas que parecen mostrarnos la visión de la muerte desde Oriente (Naomi Kawase en Japón) y desde Occidente (Bille August en Dinamarca). Incluso ahora al escribirlos veo que sus títulos también se comunican: uno desde la tranquilidad, el otro corriendo hacia el silencio.

Antes de las diferencias, los puntos en común: 

Estas son dos películas sobre la muerte que en realidad prestan más atención a los que continuarán viviendo. En ambos filmes es la madre de familia la que se enfrenta al final pero lo hace de forma sosegada, preocupándose más por los que deja -en especial, por las hijas- que por ella misma. Aunque parezca que los rituales de una cultura distan mucho de los de la otra, estas dos familias se reúnen para despedir bailando y cantando a sus seres queridos. Se cumplan o no sus respectivos deseos, las dos películas están convencidas de su punto de vista, aunque lo transmitan de forma diferente. La de Bille August sabe que tiene razón; la de Naomi Kawase siente que es lo correcto. Mientras que él lo argumenta al margen de la ley pero con razones de peso, ella lo expresa, lo siente. Ninguno tiene la pretensión de juzgar ni de convencer, pero ambos acuden a una figura de autoridad para corroborar su sabiduría. En Still the water este papel lo interpreta un anciano que, como si se tratara de un narrador omnisciente, llega a hablar directamente con los espectadores. Es una voz que aporta lucidez y habla desde la experiencia. En Silent heart lo sensato está representado por el personaje de la madre-abuela (de nuevo la constante de que a mayor edad, más sabiduría) y que aporta un aplomo (dramático pero con toques cómicos) que contagia a la película. Viendo estas similitudes, las diferencias parece que no sólo se entenderán por la procedencia del discurso, sino por el modo de ejecutarlo. Por un lado, la sensibilidad de Kawase; por otro, la reflexión dramatizada de August.

Futatsume no mado _ Still the Water   (Foto película) 6476

Oriente

Kyoko es una adolescente que se enfrenta a la muerte de su madre con confusión pero también diría que con cierta curiosidad. No da la espalda al suceso que vendrá inexorablemente, sino que intenta comprenderlo antes de que acontezca. En una de las escenas más hermosas, Kyoko observa cómo degollan a un cordero y llega a sentir, sin apartar la mirada de él, que el espíritu del animal abandona su cuerpo. De esta manera, sin omitir la crueldad pero sin restarle emoción, Kawase incluye la muerte dentro de la vida como invitándonos a que seamos capaces de mirarla a los ojos para aprehenderla. Los personajes de Still the water abogan por aceptar con humildad lo que la naturaleza les brinda, sea el viento que mueve las hojas de los árboles o el tifón que arrastra a las personas. Ante algo así de poderoso -esos planos del mar furibundo,  la interminable profundidad del océano- no tiene sentido luchar. No es una actitud derrotista (Kyoko -como comprobamos en la relación con su amigo Kaito- es cabezota, decidida, valiente), se trata más bien de entender esa comunión con el entorno para acceder a una posible felicidad, aunque para ello tengamos que aceptar nuestra cualidad de seres vulnerables, aunque para eso tengamos que adentrarnos en el mar -un mar “pegajoso”, como lo describe Kaito- que no sabemos lo que contiene. Todo sea por alcanzar la sensación de sentirse sólo uno cuando la superficie del cuerpo se fusiona con el agua.

Futatsume no mado _ Still the Water   (Foto película) 6470

Occidente

Mientras que la familia japonesa acepta unánimemente este destino natural, la danesa se divide por el deseo de decidir cuándo debe suceder. La madre sufre una enfermedad degenerativa y plantea un pacto con su esposo para suicidarse antes de que su cuerpo quede paralizado por completo. Aquí la naturaleza ya no tiene el poder para dictar sus normas, nosotros estamos por encima de ella. La decisión de morir o seguir viviendo pertenece completamente a la madre y, si acaso, también a sus familiares, en los que busca aprobación. La hija menor -más adulta pero menos fuerte que Kyoko- se niega a desprenderse de su madre. Sus lloros, abrazada a ella como un bebé, son los mismos que expresa la canción con la que se cierra la película de Kawase: “¿Qué voy a hacer sin ti si te vas?”. Puede que la muerte sea lo más universal pero le sigue de cerca este miedo al desamparo, a la soledad, a que el mar nos trague y nadie venga a rescatarnos. Ocurra en Japón o en Dinamarca.

Stille hjerte _ Silent Heart (Foto película) 5496

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3 Respuestas a “San Sebastián (II): Still the water vs Silent heart

  1. Me gusta cómo haces dialogar a las películas entre sí. La verdad es que las conversaciones entre las películas es de lo más interesante que nos depara la pasión cinéfila. Suelen ser de los diálogos más interesantes que escucho…

    Tus crónicas del festival un lujo…

    Por cierto envidia sana y buenos recuerdos lo que me trae saberte por Donosti y su festival.

    • ¡Muchas gracias, Hildy! Aquí estamos otro año peleándonos con los horarios y con el ansia de perdernos películas, pero cuando empiezan a hablar está bien quedarse escribiendo un ratito para recoger el diálogo. Menos mal que no te has olvidado de los besos. Otros cuantos de vuelta, nos vemos pronto.
      Andrea

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