Locuras de verano: La primera vez que vimos Venecia

Trajo el cine a España el 13 de mayo de 1896, en una proyección privada organizada por la Embajada francesa en un antiguo hotel, en la Carrera de San Jerónimo. De ahí se fue a Rusia, en julio le mostraba el cine al zar Nicolás II, después visitó Inglaterra, Alemania, Hungría, Italia, Estados Unidos… Siendo un personaje tan importante, el que exhibió la marca Lumière por todo el mundo, no se sabe tanto sobre él como cabría suponer. Algunos incluso aun siguen intentando averiguar si su verdadero nombre era Albert o George o Alexandre Promio como se lo conoce. Promio, principal operador de los hermanos Lumière y por tanto también precursor de aquel cine que asomaba tras las sombras, con una vocación circense que marcaba sus primeros pasos. Dejó el continente americano en septiembre de 1896 y ese otoño recaló en Venecia. Fue allí donde dicen surgió el primer travelling. Quién sabe si fue el primero o no, pero cuentan que con Promio nació la “panorama”. Colocó la cámara en una góndola y rodando el Gran Canal descubrió que los objetos estáticos cobraban movilidad. Y no sólo eso: provocaban tensión, diagonales, corrientes… 

“Going from the station to my hotel in a boat, I watched the banks recede in front of the gondola, and then I thought that if the immobile cinema could reproduce mobile objects, perhaps one could reverse the proposition and try to reproduce immobile objects with the help of the mobile cinema”.

Me imagino qué habría pensado si en ese momento le hubieran dicho que años después, concretamente 59, una mujer llamada Katherine Hepburn grabaría desde una góndola esas mismas panorámicas. Ella sería actriz, interpretaría un personaje en una historia inventada llamada Locuras de verano (David Lean, 1955). La ficción se habría impuesto a la vertiente documental que algunos identifican en los inicios de los Lumière. Existiría un lugar llamado Hollywood, un sistema de estrellas, color, sonido… Ella portaría una cámara pequeña, tan pequeña que casi podría confundirse con un bolso. El cine habría cambiado, sus técnicas y sus modos de representación. Un negocio globalizado, cierto estatus artístico, capaz de conjugar marketing y artesanía. Al volver a Venecia, sin embargo, no parece que haya pasado tanto tiempo.

Al igual que hizo Promio por todo el mundo (Egipto, París, España…) ella también rueda planos de aquí y de allá durante su viaje, en el agua, esperando en un café, al borde del canal… Compone un registro que brota de una necesidad pequeña, particular, la de dejar constancia: “he estado aquí”, “he visto estas cosas”, “esto es lo que he sentido”. No con ánimo de transcender, sino para uno mismo, para ver las cosas desde más cerca, o desde más lejos, desde otro ángulo, para verlas de verdad o de mentira… Aun teniendo al lado a un irritante matrimonio de Illinois, ella mira por el objetivo y sigue fascinándose. Como si fuera la primera en descubrir que las estáticas fachadas venecianas se convierten en pinturas que circulan por la lente. Como si el cine naciera con su cámara, cada vez que el celuloide echa a andar. O con la tuya, o con la mía, cada vez que se llena la tarjeta. Como si fuera 1896 y sintiéramos que no grabamos por grabar, que lo nuestro no es locura de verano, sino que seguiremos intentando dejar constancia en cada paso de estación.

juntas

Al final de la película, la protagonista explica que nunca ha sabido cuándo irse de las fiestas. Algo parecido ocurre con el verano, uno puede aferrarse a él o retirarse ahora que aun está a tiempo. Dejar que se vaya poco a poco, casi sin darnos cuenta, y que la ambigüedad que siempre trae consigo septiembre comience a tomar el relevo…

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2 Respuestas a “Locuras de verano: La primera vez que vimos Venecia

  1. Qué alegria tu regreso.
    Y como siempre un texto y unas imágenes inteligentes.
    Un gozada viajar por Venecia con Promio y con la Hepburn y sus locuras de verano.

    Beso
    Hildy

    PD: Yo a veces necesito dosis de imágenes hermosas y este video tuyo me las ha proporcionado. A mí Venecia me gusta mucho, mucho… y también como ‘escenario cinematográfico’.

    • La alegría es volver y comprobar que sigues al otro lado viendo y leyendo y disfrutando. Gracias por pasarte, Hildy.
      Siempre me han atraído este tipo de películas de la primera etapa del cine, tienen algo (desde el parpadeo nervioso hasta el sonido artificial de la cámara) que te transporta ¿verdad?
      Un abrazo,

      Andrea

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